PUNTO "G", DÍA "D"
Publicado por Barí en 09:53 4 comentarios
LA EMOCIÓN COTIDIANA
Séraphine
(Martín Provost, 2008)
Amanece.
Una mano siente el agua que corre bajo su palma. Agarra piedras, selecciona algas. Siente. La mano se hace consciente de la arbitraria relación entre el agua y la palabra que la describe. De los intersticios que quedan irremediablemente excluidos de esas cuatro letras; del traspaso inútil pero necesario que implica todo lenguaje. De la misma manera la pintura como lenguaje necesitará la traducción de la misma mano. La mirada sube y se encuentra con Séraphine que mira al cielo y acusa recibo de las campanadas de la iglesia: el día ha empezado.
Así nos presenta a Séraphine el director Martín Provost. Una película que no se pierde en los laberintos biográficos de la pintora Séraphine Louis, sino que destaca de forma simple y suficiente las características y particularidades que distinguen al artista del resto de los mortales. No sabremos de dónde viene aunque sí a dónde va. El origen no es relevante, sino su sensibilidad, su relación de continuo descubrimiento y disfrute del medio donde se ha criado, noción transferible al cine de Provost y su capacidad de descubrirnos, como si nunca lo hubiéramos visto antes, la poesía de un rio, un campo o del viento en los árboles.
El personaje está en continuo movimiento, atravesando el plano, desplazándose por el paisaje y actuando en él. Cada acción tiene un propósito. Cada paso la lleva a alguna parte. Es una artista involucrada física y emocionalmente con su entorno y puede pintarlo precisamente porque está empapada de él. Así logra desacralizarse la fuente de inspiración de la artista y el entorno deja de ser un decorado, mero objeto de contemplación, para pasar a ser origen y razón de ser de su obra.
La película deja a un lado la locura y el delirio místico como posible inspiración para hablar de un arte que viene de ninguna parte. No hay en Séraphine rastros históricos, cicatrices o pasado. Solo un tiempo volátil que se contrapone al del marchant, personaje portador de la realidad histórica y social de la época. El que huye debido a su homosexualidad, el que es perseguido por desertor en la guerra, el que vende arte para poder coleccionar arte, como explica.
Esta capacidad creativa sin origen ni explicación provoca preguntarse de dónde viene el arte, la capacidad artística, la habilidad, el don. ¿Se hereda? ¿Se aprende? ¿Puede enseñarse? ¿Sirve de algo conocer la vida de un artista para comprender el bulbo de su obra?
Son las escenas dedicadas a la recolección minuciosa de la materia prima con la que hará sus pinturas (barro, sangre, parafina, flores y raíces) las que transmiten el valor de cada cuadro pintado que aparece en pantalla. Ahora sí se muestra un origen: el de la pintura como resultado físico de un complejo proceso alquímico de recolección, mezcla de elementos específicos hasta conseguir la textura perfecta, el color justo.

La fisicidad y cercanía de la película se debe en gran medida al trabajo de Yolande Moreau que le pone el cuerpo al personaje y logra que ésta se diferencie de otras películas basadas en la vida de artistas, donde siempre está presente la grandeza subyacente que separa a los artistas del resto de los hombres, el eco de la figura en la que se fueran a convertir. Aquí, la Séraphine que se retrata tiene cuerpo concreto y aprehensible, como la persona real que fue. La suma de estos elementos dan como resultado una película simple y cinematográficamente bella que nos reconcilia con el placer de la experiencia artística, logrando resaltar a la artista sobre su biografía.
Séraphine acerca la silla al árbol mientras la cámara la mira de lejos. Con la dificultad de un cuerpo que ya no le permite subirse, se sienta a su sombra, lo mira, la cámara mira su cuerpo de lejos y acusa recibo: el día ha terminado.
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COMO SI LAS COSAS
Que no otras que sí otras que da igual, no podría hacerlo de otra forma.
Que ya los años para andar cambiando, así como así, los modos.
Que despues de todo sí, pelo, piel, el cuerpo, mañas.
Entonces ya, un camaleón estable.
Pero qué va, otro diccionario descifra los mismos días.
Que muchas dimensiones como personas en este mundo, sí.
Porque, mirá, en serio, que no da igual después de otro.
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ARIA DEL DESVELADO CAPITULO X
Capítulos I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX
Parece ser que ella volvió mitad derrumbada, mitad inalterable, de esa experiencia surrealista en la que decidió invertir su porción.
Parece que él se modificó, claro, cómo no se iba a modificar con tamaña travesía. Que puso un pie delante del otro por cada día que le siguió a su ausencia.
Él volvió al desvelo como quien vuelve a la zona conocida, por puro instinto.
El mismo síntoma, razones opuestas. El amor y el desamor al fin y al cabo eran lo mismo. O por lo menos se manifestaban en el mismo sarpullido. Su primer desvelo, ese que los llevó a encontrarse, al principio nada tenía que ver con ella, que rápidamente se transformó en excusa y causa. Su desvelo, éste, es todo ella.
Triste fracaso, otro más, en esta vida que suma años pero nada le deja.
Él arrastra los pies y repasa las fotografías mentales de aquel tiempo en que fueron un milagro, cuando vencieron el silencio que venían encubando.
Ahora, de tanto pensarla, no logra delinear su rostro, como si hubiera agotado el número de veces que le fueron concebidas para recordarla.
Piensa en las cruces que son las despedidas y siente que la vida se empeña en pararlo en una estación perpetua. Concluye si no será, en definitiva, la soledad el estado más perfecto del ser humano. La verdadera, la absoluta, la soledad del que no necesita nada, ni pájaros, ni un árbol, ni un cerro, ni muchos menos un amor que lo desvele.
No podemos decir que la cosa salió mal. Gracias a ellos la probabilidad se transformó en posibilidad y se esforzaron por cumplir la fantasía, pero los dos quedaron mareados, sin entender del todo el sentido de encontrarse y fracasar así, sin razón ni excusa.
Eso les queda, la nada absoluta de sentirse inadecuados sin saber por qué.
El amor y sus retorcijones se les hacen cuerpo definitivo. En qué momento, se preguntan, dejaron oxidar las articulaciones emocionales; en qué momento, le pregunta, pasaste de ser mi desvelo, a mi mal recuerdo. En qué momento, te pregunto, se modifica uno, se muere, lo otro, para devenir en esta cosa sin forma que es mi presente sin vos.
Publicado por Barí en 12:01 3 comentarios
I
Por qué la silla real es más consistente que la imaginaria, te pregunto.
Necesito martillar y que no tiemble el edificio. Entonces, apoyo el martillo sobre el estante imposible que no se sostiene en nada. Por qué temo que se desvanezca y me dañe, al pasar de largo, de mi deseo a mi regazo, cuando sólo puede romperse la silla real, la madera constante.
Esa es la única ventaja irrevocable de lo inexistente: ni perece ni desaparece.
Te imagino y no termina de encajar lo que sos con lo que necesito.
La solución: pensarte seguido y en cada pensamiento darte forma.
Una vez que pueda verte en persona como te siento en sueños, comenzarás a tomar sentido, momento exacto en el que elegiré quererte y moldear no tan de a poco, lo que soy para vos con lo que necesitas.
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GUARDA EL SECRETO
Cómo el comienzo
El morado del vino te define
El sexo que no tuviste que no te tuvo
El mar que ignoro
El celo entreabierto de tu boca teñida
sentirte cómodo en todos lados
decir boca dos veces boca
sentarte al lado y ver la cópula
sos el uno por qué el comienzo
Las yemas desgastadas de tu compañía
La gota de vino que pende de un labio
Espera el match point que defina su huida
el azar esquivo, magia divina
La parte mar del verbo amar
Intuir el agua en el vino tinto
Las uvas que fueron que son serán
Olvidar el comienzo por qué el comienzo
Guarda el secreto
mantén el silencio
guarda la promesa
por qué la promesa
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REBELIÓN
No vi la foto
Tiré el regalo que después quemé
Quemé la caja
Cerré la pieza
Hice una pared que después derribé
Rompí los muebles
quemé los restos
cerré la puerta y tiré la llave
Busqué las fotos
quemé el álbum
Borré el registro y no lloré
Cambié el primero por el segundo
borré el primero del DNI,
Vendí el auto
Cambió de nombre
Cambié el agua, gas y luz
Miré al perro que me regalaste
tiré de la cuerda y lo maté
Miré al gato, el que te gustaba
lo agarré del cuello y lo ahogué
Las rodillas gordas, el pie inclinado,
caderas bajas, pelo enrulado
de cada herencia, de cada gen,
miré al espejo y me despellejé.
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ARIA DEL DESVELADO: CAPÍTULO IX
Capítulos I, II, III, IV, V, VI, VII
El día que se hicieron realidad, ella llegó a la ciudad después de 18 horas de viaje, 6 de espera y varios meses de desvelo.
Salío de la sala impulsada por la impaciencia, cargada de las materias primas para cumplir todo lo que se habían prometido. Las luces, el aire artificial y el cansancio transatlántico desentonaban con él que la esperaba inquieto y perfecto. Ahí él y las nuevas dimensiones de las cosas.
Qué alivio cuando fue capaz de reconocerla en la multitud. Camino al aeropuerto le había entrado la sensación de que podría no reconocerla. Después de todo, nunca se habían visto. Podía ser más alta o incluso diminuta en relación a cómo la imaginaba. Pero cuando la vio salir de esa puerta mecánica, los ojos grandes, inquietos, lo supo: el invierno se había acabado. Qué alivio sentir cómo se levantaba la pesada prensa que estaba depositada en su pecho desde el día que empezó a quererla; Salir de la dieta austera y amarga de la espera, descubrir que se esperaban en igualdad de condiciones. Alivio de sacarse el sabor amargo de la boca al sentirla tan cercana, tan familia, tan alimento.
El primer abrazo fue eterno y voraz. Nos vimos con las manos hasta que articulamos las imágenes con la realidad. Los ojos ya habían cumplido su función y sus posibilidades hacía mucho se habían agotado. Era hora de saberse por otros medios. Y así lo hicimos. Cartógrafos del cuerpo del otro. Expertos de la geografía del otro.
Saciada la voracidad, llega el momento de la calma.
A la mañana siguiente la vida de él continúa y, burla del destino, tiene una serie de compromisos inamovibles que lo obligan a salir de casa temprano, sin hora de regreso. Ella, con el día por delante, se dispone a aterrizar. Estar en su ciudad de incógnito la hace sentir poderosa y libre, con todo el tiempo del mundo. Una vez desarmadas las valijas y absolutamente sola en esa casa ajena y tan conocida a la vez, la recorre tranquila. Se fija en los detalles nuevos que acusan su espera. Flores, cuadros colgados, libros acomodados, heladera llena y decide esperarlo con una sorpresa.
La mesa está servida.
Ella está inquieta. En una mano, la panera. En la otra, la expectativa.
Él aún no llega. Todo lo espera. La casa y ella.
Da una vuelta en sí misma para comprobar que esté todo listo. Busca que se note la casa en gala pero simple y fresca. Siente el ascensor que pasa y le traspiran las manos. Se las pasa por la falda del vestido y toma aire. Recuerda que no se pintó la boca, detalle trivial pero femenino. Después recuerda por qué no lo hizo.
Da unas vueltas más, el corazón que se le acelera y él que no llega.
Sus propios nervios le resultan ridículos y se pone de mal humor. Enciende un cigarrillo de los que trajo y se siente una caricatura de ella misma: arreglada después de haber preparado la casa, expectante para este hombre que no llega y al que le dedicó 10.000 Km., un cambio de destino y la cena más elaborada del mundo.
La libertad primera la siente desamparo y se empieza a angustiar. Desconoce el lugar, su ropa, a sí misma y teme que se venga lo conocido.
Ella se enamora de situaciones, primero atractivas, después cómodas, por último aburridas. Se ha convertido en adicta de su propia esencia y haría cualquier cosa por generar la adrenalina que se alimenta, primordialmente, de la ternura que genera en los otros. Ese combustible extinguible, perecedero y voraz surte un efecto tan embriagador, que ha perdido la capacidad de distinguir el momento en el que empieza a querer. Después del subidón, lo único que le queda es el espeso sonido del hueco sin fondo. Parecido a lo que siente ahora.
Cuando finalmente llega, la casa ya no brilla, ella está dormida y todo apesta a cigarrillo y angustia.
Para él verla así, dormida en esa cama completa, es un regalo que no desaprovecha. Se tiende al lado, se acerca lo más que puede hasta que se le nubla la visión y la contempla. Ella abre un ojo contrariada ante la situación y los significados opuestos que tiene para cada uno y le dice:
- Hoy era el día en que tenías que llegar temprano.
Publicado por Barí en 12:46 3 comentarios
METÁFISIS
A veces extraño amar a uno querer a cuatro
buscar sustento en la multiplicidad
ser diestra y siniestra en las matemáticas
ser conforme a la confortabilidad
El pecho caliente en la mano fresca,
amar al extraño
escribirle al mortal
sentirme entera en la sombra fría
la noche pequeña que camina detrás
Extraño ser blanco
no atardecer
las formas de llegar a un mismo lugar
Las cosas dadas, persuadir la arruga
la familia de objetos que nos hacen caminar
Extraño la certeza de lo que siento
la galera sin excusas
un poco de paz
matar los pájaros, desear el tiro
esperar al tiempo la herida plural
Sangrar la sangre, el cuero eterno
el brazo ausente la piel real
la seguridad del objeto que no retorna,
el despeine del viento, lo que vendrá
Extraño el otoño sudando en invierno
la marca el entierro el designo impar
trayendo la espera
el persigno el cuento,
el rezo diario que viene a confirmar
estamos solos
extrañando y solos
lo que se viene y lo que no será
Publicado por Barí en 09:56 4 comentarios


